El radier es la losa de hormigón apoyada en el suelo: el piso de un galpón, de una bodega, de un quincho o la base de una ampliación. Cuando se agrieta, se hunde o se llena de humedad, casi nunca es culpa del hormigón en sí, sino de lo que se hizo —o no se hizo— antes de vaciarlo.
1. El suelo de apoyo
Lo primero es sacar la capa vegetal y el relleno suelto hasta llegar a terreno firme. Después se nivela y se compacta. Un radier sobre tierra blanda se asienta de forma desigual y se fisura.
2. La base granular
Sobre el suelo compactado va una capa de ripio o base estabilizada, también compactada. Distribuye la carga y corta la subida de humedad desde el terreno.
3. La barrera de humedad
En interiores (casas, bodegas con mercadería) se coloca un polietileno sobre la base antes de hormigonar, para que la humedad del suelo no suba por la losa.
4. Enfierradura o malla
Según el uso —tránsito de personas, de vehículos o de maquinaria— el radier lleva malla electrosoldada o enfierradura. Tiene que quedar dentro del hormigón, levantada con separadores, no apoyada en el suelo.
5. Moldajes, niveles y pendientes
Los moldajes definen el borde y la altura final. Si el radier está a la intemperie, necesita una pendiente leve para que el agua escurra y no se empoce.
6. El curado
Después de vaciar, el hormigón tiene que mantenerse húmedo durante los primeros días. Si se seca demasiado rápido —con sol fuerte o viento— pierde resistencia y se fisura en la superficie. Las juntas (cortes a distancias regulares) ayudan a que las fisuras por retracción vayan donde uno quiere y no al azar.
En resumen
Un buen radier se decide en la preparación. Si tiene que hacer uno, lo primero es ver el terreno: el suelo, los accesos y el uso que va a tener.